El Consejo Mundial de Iglesias moviliza sus tropas “amazónicas” contra Brasil

 

MSIa Informa

No obstante la exhortación del Papa Francisco para que el Sínodo de la Pan-Amazonia, realizado en octubre pasado, no considerará las demandas radicales de la torcida Teología de la liberación congregadas en torno de la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM), éstas aprovechan la pandemia del covid-19 para incrementar sus presiones contra Brasil, alegando que la cuenca del Amazonas es el escenario de una supuesta tragedia colosal y de un “genocidio” indígena.

 

Para situar mejor a los lectores, tal y como ahora existe, la REPAM es en gran medida, el brazo amazónico del infaltable Consejo Mundial de Iglesias (CMI); este último es, a su vez, un núcleo de las redes de inteligencia de la oligarquía angloamericana y de sus satélites europeos, que actúan a nombre del ecumenismo y de la defensa de todas las causas que gozan de simpatía entre la población, como los derechos humanos, la protección de los pueblos indígenas y del ambiente, el desarme civil y otras linduras más.

 

En una dramática nota divulgada el 18 de mayo, la REPAM afirma que estamos a la vuelta deun “colapso estructural en la Amazonía”, ya que “una tremenda fuerza, de proporciones nunca vistas, está devastando la Amazonía en dos dimensiones que se combinan de forma brutal: la pandemia de COVID-19 que alcanza a los más vulnerables, y el aumento descontrolado de la violencia sobre los territorios. El dolor y el grito de los pueblos y el de la tierra, se funden en un mismo clamor”.

 

La nota hace un repaso de una serie de problemas que enfrentan las comunidades indígenas ante la pandemia, los que, en su mayoría, no difieren de los que sufren las poblaciones de los países panamazónicos, en particular, si se considera que la mayoría de ellos, la gran mayoría de la población indígena, no vive segregada, sino integrada a las sociedades locales. Para Brasil la nota llega al extremo de acusar al gobierno de un acto intencional para perjudicar a los indígenas:

32 procuradores del Ministerio Público Federal declaran que ‘el escenario de riesgo de genocidio entre los pueblos indígenas requiere acciones de emergencia por parte de organismos y entidades públicas.

 

La Movilización Nacional Indígena establece que existe “una intención evidente del gobierno de evitar que el Subsistema Indígena de Atención Médica funcione”.

 

El texto subraya que, además de la amenaza de la COVID-19, hay otra que ya se encuentra instalada en el territorio: “El Frente Parlamentario Mixto por los Derechos de los Pueblos Indígenas en Brasil denuncia: ‘incluso cuando la pandemia está frenando la economía; la minería y la deforestación ilegal en tierras indígenas de la región siguen en pleno apogeo’”. Otro hecho que no se puede pasar por alto son los derrames de petróleo en países como Ecuador y Perú.

 

“Estamos en un momento decisivo para la Amazonía y para el mundo, un momento de gestación de nuevas relaciones inspiradas en la ecología integral, o de la pérdida de los sueños del Sínodo, si el miedo, los intereses, y la presión de los poseedores de los grandes capitales imponen cada vez más fuerte el modelo de una «economía que mata”, remarca la nota.

 

Campaña de mentiras

En otra vertiente de la campaña, las asociaciones indigenistas están explotando de forma falaz los efectos de la pandemia en las comunidades indígenas brasileñas, con extrapolaciones y exageraciones manipuladas para justificar un vergonzoso empleo de la palabra “genocidio”, para reforzar las acusaciones de negligencia del gobierno federal.

 

Un ejemplo son las notas divulgadas por la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), que mezclan los casos de infección ocurridos entre indígenas que viven en aldeas y en centros urbanos –que, en este caso, por mera lógica, deberían contarse entre los casos de la sociedad en general.

 

Por ejemplo, la organización no gubernamental, afirmó la aparición de 610 casos de infección y 103 muertes. El mismo día la Secretaría Especial de Salud Indígena del Ministerio de Salud (SESAI), que atiende cerca de 763 mil indígenas en todo el país, informó de 526 casos confirmados y sólo 27 muertes, números que representan ritmos inferiores a los registrados entre la población no indígenas (0.06 por ciento de infectados en la población indígena, con mortalidad de 5 por ciento, contra 0.1 y 6.4 por ciento respectivamente en la población no indígena).

Las celebridades que adoran la “pobreza como folclor”

Como era de esperarse, la estrategia del CMI incluyó el tradicional manifiesto firmado por una constelación de celebridades en favor de una campaña internacional para la protección de los indígenas amazónicos, al mismo tiempo que para criticar al gobierno por sus actos en la pandemia.

 

La iniciativa partió del consagrado fotógrafo Sebastián Salgado, que vive en París y tiene relaciones con el CMI desde los años setentas del siglo pasado. Desde su privilegiado refugio de la capital francesa, Salgado movilizó una colección de artistas e intelectuales para firmar el manifiesto. Entre ellas destacan cantantes como Paul McCartney, Madonna y Chico Buarque, celebridades del cine de la talla de Brad Pitt, Richard Gere, MerylStreep, Glenn Close, Oliver Stone, Pedro Almodóvar, Alfonso Cuarón y Fernando Meirelles, el escritor Mario Vargas Llosa, y infaltable modelo Gilese Bündchen, el Príncipe Alberto de Mónaco y el climatólogo Carlos Nobre.

 

El manifiesto se publicó en una página entera de varios periódicos del mundo. En entrevista concedida a Época Negócios (02/05/2020), Salgado justificó: “La situación es muy grave. Si el coronavirus llega a las comunidades indígenas será un genocidio, porque ellos no tienen los mismos anticuerpos que poseemos para las enfermedades europeas, de blancos. La responsabilidad de Brasil será muy grande si eso ocurriese, y el país será llevado a los tribunales internacionales para ser juzgado y condenado por no defender a poblaciones en peligro.”

 

En lugar de fomentar sandeces contra el país, Salgado y sus cosignatarios harían mucho mejor en informarse mejor sobre los denodados esfuerzos que las agencias de salud brasileñas han emprendido para la atención de las comunidades indígenas, como lo demuestran los números de la SESAI, con el inestimable apoyo de las Fuerzas Armadas, que han brindado transporte de personal, medicamentos y todo tipo de productos necesarios. Hasta en París o en Hollywood internet ofrece acceso fácil a la información de esta situación en particular.

 

Vale anotar que, en marzo pasado, Salgado se reunió en Paris con el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, condenado por corrupción, para discutir la supuesta” defensa de la Amazonia”. Significativamente, el viaje de Lula también incluyó una visita a la sede del Consejo Mundial de Iglesias, en Ginebra, Suiza, oficialmente para conversar sobre las desigualdades en el mundo.

 

A propósito de estos autoproclamados defensores de los indígenas brasileños, vale la pena recordar la evaluación de un ex presidente sudamericano con una proporción de indígenas mucho mayor que la de Brasil. Nos referimos a Rafael Correa de Ecuador, que gobernó su país por 14 años, y tuvo que medir fuerzas no pocas veces con las campañas del aparato ambientalista-indigenista, entre ellas las redes del CMI.

 

En 2012, ante sus pares en la Reunión Cumbre Iberoamericana de Cádiz, España, resumió así el problema: “Siempre dije que lo más peligroso es el izquierdismo de todo o nada y el indigenismo infantil, que ve a la pobreza como parte del folclor, que acepta que las personas vivan en la miseria como parte de un bello paisaje”.

Foto: ASSOCIATED PRESS

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